En este día absolutamente obsequioso me envuelve una desazón que amenaza con ser protagonista. Soy consciente de que podría fijar su aparición justo en el momento del rechazo, pero no identifico con precisión el motivo que lo empuja a permanecer, aún, manoseándome el humor.
Quizá el fondo no es haber menospreciado algo excelente para lo que estaba tan bien cualificado, pues su detalle más importante distaba de lo que persigo, ni tampoco el frágil equilibrio que su retirada prolonga, sino la intuición de un futuro que alberga en abundancia repudios semejantes.
Tomé la decisión correcta y me arrepiento, pero como una plañidera que cede su dolor al mejor postor, sé que un simple zarandeo mental basta para izarme de este vertedero sentimental, sacudir la inapetencia y recuperar aquel cosquilleo voraz que tanto añoro... porque todavía es mucho lo apetecible.