Hoy, este recién estrenado junio concede un receso que, con toda probabilidad, no puenteará ese abismo al que orillar hasta el reencuentro con mi adorado octubre. A menudo rehago cómputos, enfatizo serenamente aquellos aspectos que acarician la condición anímica, y desprecio con celeridad los llamados a entorpecer la concentración del equilibrio; pero cuando el gozo de la tregua desata al recuerdo y agita los pensamientos, comprendo que mi amor por la madurez otoñal es como el deseo que rellena una vasija resquebrajada...
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