A cada día corresponde una dosis de creatividad, que decrece rápidamente con el transcurrir horario, y mientras las veladas fauces de lo cotidiano aún permanecen aletargadas, más procacidad desprende la imaginación dotando de un énfasis estremecedor a ese maremagnum de fantasiosos ideales cuya pugna libera densidades de otro modo insolubles; sin embargo, es en lo curtido de la jornada cuando mejor se acota toda esa precoz sarta, enmendándola, hasta dibujar con deliciosa precisión sus aledaños.
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