A este tiempo desilusionante lo combato en reclusión, exiliarme de la vida es lo que me la procura, pero cuando uno anda al borde de la sensatez acaba tropezándose; o quizá es que no soy todo lo ermitaño que presupone mi imaginación. Aunque claro, hoy la noche vuelve a irrumpir preciosa, y dado el espléndido residuo que con regular parsimonia van depositando los días, puede que se me atolondre la perspectiva.