En su pluma hallé estímulos con los que apuntalé mi amor por la narrativa. Energía intelectual, arte literario y, sobre todo, compromiso humano: "No puedo cambiar el mundo, pero tengo la obligación de proclamar que debe cambiarse", ¿cómo no sentirse huérfano de quien vivió en esa filosofía? Hasta siempre, maestro.